Siempre podías confiar en Rockstar. Daba igual de qué se tratase, daba igual que pudieses poner alguna pega concreta a sus juegos. Durante casi una década, la compañía creada por los hermanos Houser, Dan Donovan y Jamie King fue garantía absoluta de encontrarte con algo diferente y, ejem, BUENO. En mayúsculas, sí. Una racha que rompió el que fue su gran sueño y, a la vez, su pesadilla: 'L.A. Noire'.

Sí, el mismo juego que estos días se lanza de nuevo, en busca de una absolución que será difícil que encuentre. Bienvenidos al nacimiento, muerte y ¿resurrección? del delirio de Rockstar y a la historia del vuelo de Ícaro de Team Bondi.

“Dream a little dream of me”

Rockstar tiene la suerte (permitidme la licencia de llamarla así) de haber encontrado una franquicia tan inmensa como GTA, un juego que han sabido modular y reinventar tanto que nunca ha dejado de crecer, ni en ambición ni en compradores. Pero, a su vez, siempre ha sido una compañía que ha necesitado ir más allá, probar nuevas cosas y no caer en la monotonía. Intentarlo a su manera, lo que explica, por ejemplo que en todos estos años no hayan querido sacar un FPS.

Gracias a eso, hemos dejado la vida (y esculpido nuestros recuerdos) en 'Red Dead Redemption' (con el mejor final-después-del-final de la Historia de los videojuegos), los Manhunt, el atípico Bully o (gloria en el cielo) el inconmensurable The Warriors, por ahora el videojuego que mejor ha adaptado al cine (ya ni siquiera a una película) a este lenguaje.

Andaban en esa búsqueda en 2006, cuando les llegó una oportunidad que parecía hecha para ellos: Team Bondi, unos desarrolladores australianos que le habían vendido a Sony la idea de un juego enmarcado en los mismos ambientes que los de la novela o el cine negro, andaban estrangulados y necesitaban apoyo.

Al frente de Bondi estaba Brendan McNamara, megalómano algo veleta que había conseguido la bendición de Sony a principios del milenio trabajando desde UK en el Team Soho. Allí había creado el exitoso 'The Getaway', suficiente para que los japoneses le dieran carta blanca. "Haznos otro juego así", puede que le dijeran en 2004. Dos años después, se habían arrepentido y le pasaban el marrón a Rockstar, que cogió el testigo, pagó las facturas y aceptó el reto definitivo de no crear "otro juego más".